Historias de vida 3 min lectura Por Redacción Banco Central de Cuba Fuente: Banco Central de Cuba

Fidelidad y excelencia: el legado de las bancarias cubanas

Ofrecemos testimonio de Juliana Maritza Martínez Fernández, con varias décadas de consagración al Sistema Bancario y Financiero de la Isla

Con presencia mayoritaria dentro del Sistema Bancario y Financiero revolucionario, las mujeres han sido piedra angular en cada conquista del sector durante sus más de seis décadas de existencia. La trayectoria de Juliana Maritza Martínez Fernández, así lo atestigua.

Fidelidad, excelencia, superación ante cada reto personal o profesional, solidaridad, compromiso: conceptos anclados a su hoja de ruta por varias instituciones bancarias hasta su actual responsabilidad como asesora del Banco Central de Cuba.

A propósito del reciente Día Internacional de la Mujer, ofrecemos su testimonio a modo de felicitación para cada una de las bancarias cubanas que pueden verse fácilmente reflejadas en su resiliencia, tesón, humanidad.

«Nunca rendirnos por difíciles que sean las circunstancias»

Comencé a trabajar en el sistema bancario nacional cubano el 19 de junio de 1979, hace ya 46 años, a partir de una convocatoria que se hizo por el Instituto Técnico de Finanzas, hoy Centro Nacional de Superación Bancaria.

Desde el primer momento, el primer impacto desde nuestra llegada al banco, fue realmente de un nivel de profesionalidad muy alto. Tuvimos la suerte, nuestra generación, de contar con compañeros que realmente estaban en la mejor disposición de brindar todos sus conocimientos, todo lo que ya habían avanzado en todos estos procesos.

Esa nueva generación nuestra realmente sintió el impacto y la necesidad de formarse a profundidad. Era una avidez enorme que teníamos todos por aprender. Queríamos aprenderlo todo; queríamos conocer todo y así nos fuimos adentrando en ese mundo bancario por el que -realmente, siempre yo le digo a los más jóvenes- es imprescindible transitar, empezar desde la base, desde lo más sencillo, para ir escalando, poco a poco, la complejidad que tienen todas las operaciones dentro del sistema bancario.

La década de los 80 fue, en el plano personal, yo diría que quizá un poco más compleja. Comencé a realizar mis estudios en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales, en el ISRI, pero a la par salí embarazada y tuve a mi primera hija y eso también conllevó un esfuerzo adicional grande.

En la década de los 90, yo me encontraba trabajando como gerente y tuve la feliz noticia de un segundo embarazo. Nace mi segunda hija y, por esos azares de la vida, tengo una hija con necesidades especiales educativas. Pero nada, como todo en la vida y yo creo que con esa misma fortaleza que a través de los años la propia formación en el banco me fue dando, pues pude afrontarlo. Y ahí fue una vez más decisivo el apoyo de mis compañeros y de mi familia.

Nunca rendirnos por difíciles que sean las circunstancias. Siempre, siempre en el banco vamos a encontrar el camino para llegar a lo que queremos realizar.

Todo lo que aprendes en el banco es únicamente en esa escuela. El banco no se aprende en la Universidad. El banco en sí es una Universidad. El trabajador bancario tiene, de alguna manera, yo diría que algo especial. Es algo especial, porque yo digo que es algo con lo que aprendes a vivir y ¡fíjate! yo hoy, desde mi punto de vista, desde mi experiencia personal y, ya no muy cercana, sino muy pasada la edad de la jubilación, te digo que no sé vivir sin el banco. Pienso que irremediablemente llegará ese momento, pero no sé vivir sin el banco; no sé cómo lo voy a afrontar cuando llegue ese momento.

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