Dunia Yero 2018-06-05 233


martes 5 de junio de 2018
The Economist

La historia se repite de nuevo. Es bien sabido que a los mercados financieros no les gusta nada la incertidumbre y, gracias a los políticos de Italia, desde hace algunos días han tenido más que suficiente. Para el 30 de mayo habíamos recuperado cierta calma: parecía posible que un par de partidos populistas, el Movimiento Cinco Estrellas y la Liga Norte, llegaran a formar un gobierno después de todo.

Los mercados se habían tambaleado durante dos días, perturbados por el absurdo altercado entre los populistas y el presidente del país debido a que este rechazó su propuesta de colocar a un economista euroescéptico al frente del Ministerio de Economía. Los políticos quizá les hayan hecho un favor a los mercados, pues los obligaron a abandonar su postura de complacencia. Los inversionistas, por su parte, tal vez hayan correspondido la cortesía, al hacer reflexionar un poco a los políticos… al menos por ahora.

Italia siempre ha crecido con gran lentitud y sufre constantemente por la carga de su deuda pública, que en la actualidad asciende a unos 2,3 billones de euros (2,7 billones de dólares), o el 132 por ciento de su producto interno bruto.

PREOCUPACIONES

El drama más reciente reavivó las preocupaciones latentes con respecto a esos dos problemas, que se suman al profundo temor de que el tercer mayor miembro de la eurozona esté a punto de dirigirse hacia la puerta de salida. Esto provocó que el rendimiento de los bonos italianos a dos años, ubicado en números negativos apenas el 15 de mayo, saltara a casi el uno por ciento el 28 de mayo. Siguió subiendo al día siguiente, hasta alcanzar el 2,73 por ciento, su nivel más alto desde el 2013, aunque después bajó. Los rendimientos de los bonos a diez años también aumentaron, aunque su ascenso fue menos espectacular. En cuanto a los bonos alemanes a diez años, los bonos soberanos más seguros de Europa, su rendimiento se desplazó a la baja.

También bajaron los precios de las acciones. Los bancos de Italia, que tienen en cartera el equivalente a 600.000 millones de euros en bonos del gobierno, fueron los más afectados. UniCredit, la mayor institución bancaria del país, sufrió una caída del 9,2 por ciento; por su parte, Intesa Sanpaolo, el segundo mayor banco, perdió un 7,2 por ciento entre el 28 y el 29 de mayo.

Otras acciones de los bancos europeos también sufrieron depreciaciones. El ambiente de inquietud se extendió hasta el otro lado del Atlántico. El índice S&P 500 cayó un 1,2 por ciento el 29 de mayo y, también en este caso, los bancos fueron los primeros en experimentar bajas. Los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años bajaron del 2,93 al 2,77 por ciento, la mayor caída desde el día siguiente al voto de los británicos a favor del brexit en junio del 2016.

Hasta ahora, estos movimientos solo han sido un desagradable episodio de nervios y no han escalado a una situación de pánico total. El rendimiento de los bonos italianos a dos años se ubica muy por debajo del 7,6 por ciento que alcanzó en noviembre del 2011, durante el peor momento de la crisis anterior de la eurozona. Los efectos de esta oleada sobre los otros miembros de la zona del euro en problemas han sido mínimos, aunque los rendimientos en Grecia, Portugal y España alcanzaron su nivel máximo de este año el 29 de mayo.

Tampoco es muy probable que los extranjeros hayan sufrido daños directos por la caída de los precios de los bonos (el resultado del aumento en los rendimientos). Aunque el enorme mercado de deuda pública de Italia le da un peso significativo en los índices de bonos globales, los inversionistas extranjeros, que pueden distinguir sin problemas una mala inversión, ya no estaban adquiriendo deuda de ese país. Los analistas de Deutsche Bank calculan que entre el segundo trimestre del 2015 y el tercero del año pasado, los inversionistas extranjeros, sin considerar a los bancos, redujeron la inversión de su cartera en bonos italianos de 473.000 a 250.000 millones de euros. Torsten Slok, de Deutsche Bank, añade que la exposición de los bancos fuera de Italia se ha reducido casi a la mitad desde 2009, para ubicarse en 133.000 millones de euros. 

El aumento inesperado en los rendimientos tampoco amenaza la sostenibilidad de la deuda italiana. El 30 de mayo, Italia vendió el equivalente a 5.600 millones de euros en bonos a cinco, siete y diez años a rendimientos de 2,32, 2 y 3 por ciento, respectivamente. Es cierto que estos precios se encarecieron en un plazo muy breve, pero todavía se ubican muy por debajo del promedio de 3,4 por ciento de los cupones de su deuda existente.

Además, el plazo promedio de vencimiento de sus bonos es de alrededor de siete años, relativamente largo, lo que le permite tomar un respiro. Alberto Gallo, de la empresa de inversión Algebris, calcula que los rendimientos tendrían que colocarse por lo menos entre el 4 y el 4,5 por ciento, y mantenerse a ese nivel durante varios meses, para que el aumento en los pagos de cupones hiciera insostenible la deuda. No es una situación disparatada, pero todavía no parece muy probable en el futuro cercano.

Una posible explicación es el respaldo del Banco Central Europeo (BCE), que irónicamente, ha sido una molestia continua para los populistas italianos. Como parte de su programa de expansión cuantitativa, aplicado para mantener bajos los costos del crédito en la eurozona, el BCE compró bonos italianos por el equivalente a 340.000 millones de euros y conserva alrededor de una sexta parte del total emitido. De hecho, no ha dejado de comprarlos, a diferencia de los extranjeros.

No obstante, esto tampoco quiere decir que los mercados no vayan a atacar con más violencia a Italia si, por ejemplo, un gobierno populista decide eliminar las recientes reformas, aumentar el gasto o enemistarse con los burócratas de Bruselas o Francfort. Aunque los mayores bancos por ahora se encuentran en una buena situación financiera (o están a punto de lograrla), mantienen en sus carteras muchísimos bonos del gobierno. El banco Monte dei Paschi di Siena todavía se encuentra en situación crítica. La carga de créditos incobrables, aunque reducida, todavía es pesada.

SALIR SERÍA COSTOSO

Salir de la eurozona sería tremendamente costoso, tanto para Italia como para el bloque. Al igual que cuando Argentina abandonó la paridad con el dólar a principios del 2002, el valor de los depósitos bancarios italianos se iría a pique. El caso de Italia no es parecido al de Grecia, pues está en mejores condiciones. Sin embargo, también se diferencia de Grecia en que es muchísimo más grande.

En el 2012, el presidente del BCE, Mario Draghi, contuvo una crisis que amenazaba con destruir al grupo de países con una moneda común con una sola declaración, al afirmar que el BCE tomaría “las medidas necesarias para preservar el euro”.

Si se agota la liquidez, el BCE puede realizar transacciones monetarias “simples”, como comprar bonos de algún gobierno en los mercados secundarios, aunque todavía no ha aplicado ese esquema. No obstante, no significa que Italia tenga carta blanca. Esa medida se diseñó para circunstancias extremas. Como declaró esta semana para la revista alemana Der Spiegel el vicepresidente del BCE, Vítor Constâncio, cuyo último día en el cargo fue el 31 de mayo, esa ayuda tiene asociadas muchas condiciones. El gobierno correspondiente tiene que solicitarla y convenir en un programa de ajuste con las instituciones europeas. Grecia ha tenido dificultades para sujetarse a un régimen similar. No es nada probable que los populistas de Italia estén dispuestos a hacer algo así.

 


 

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